viernes, 30 de octubre de 2009

Siervo sin tierra / Aterciopelados


SIERVO SIN TIERRA / ATERCIOPELADOS / EL DORADO
Ando como un perro viejo  lamiendo una ilusión tener una morada ando con el cuerpo enfermo y roto el corazón porque no tengo a nadie  Siervo sin tierra un desalojo y sin jornal a sol y a sombra  corre que corre a trabajar siervo sin tierra  asi sea godo o liberal de cal y arena los males nunca han de faltar  siervo tu nombre no es común paraun hombre que se precia de tener gran ambición juepuerca vida  que injusticia mano siervo a fin de cuentas  sin su tierra se quedó ay se quedó  ando con la vida a cuestas mis huesos y no más por que no tengo nada sueño con que un día de estos  pueda igual que los demás plantar mi alma cansada.

sábado, 24 de octubre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

Fría Noche

Fría noche

"Yo tenía una gallinas y una cría de patos y se robaron todo, hasta una pipa de gas con la que cocinaba. Para qué va uno a volver si no va a encontrar nada", se pregunta la mujer con lágrimas en sus ojos.

“Bogotá es una de las ciudades del país con mayor número de desplazados. Según datos de Acción Social, hasta abril de este año, aparecen registradas más de 204 mil personas en esa condición.”

Lo preocupante es que la llegada de estos hombres, mujeres y niños no se detiene. Cada día, arriban en promedio 60 familias. Muchas de ellas, sin tener idea de dónde pasarán la noche.”

Como todas las alboradas don Jose, campesino de profesión, se levanta antes que el resto de su familia, Miriam su Mujer de hace 40 años y sus dos hijos, Alberto de 18 y Marta de 14, se sienta en su cama, se mira las manos con las que ha levantado la humilde casa en la que viven hace 30 años y piensa en los deberes de este nuevo día. Toma un pantalón viejo pero impecable, que esta en una silla cerca de su cama, se lo pone como si fuera un pedazo de vidrio que se fuera a romper con el mas mínimo brusco movimiento, da unos cuantos pasos hacia la ventana y en la misma silla esta una camisa, perfectamente planchada por su mujer, la cual se abrocha hasta su ultimo botón del cuello, la mete dentro de su pantalón y con unos delicados pasos sale de la pequeña habitación sin saber que su esposa ya había abierto sus ojos un par de horas antes que él.

Se escuchan en lo lejos del silencio algunos cantos de gallos, ranas que cantan no lejos del charco que dejo la lluvia la noche anterior, cacareos de las gallinas, los perros ya están listos en la puerta batiendo su cola esperando a que su amo salga, Don Jose abre la puerta y sale a hacer lo que ha hecho durante los últimos 30 años, alimentar a las gallinas, recoger los huevos que han puesto, quitar el plástico que cubre la pequeña huerta de espinacas que venden cada temporada en el pueblo, con lo que hacen algún dinero extra. Ordeña un par de vacas que hacen entre las dos, una cantina de leche, que mas tarde Alberto venderá en el pueblo.

Después de una hora de deberes matutinos de don Jose, Miriam ya se ha levantado y ha preparado un sencillo pero rico desayuno, se asoma a la puerta y grita, Jose, el desayuno ya esta servido, venga rápido que se enfría, Termino de alimentar a los perros y ya voy, grita con una fuerte voz Jose. Los perros comiendo, las gallinas picoteando en el suelo, las vacas rumiando y don Jose se va desayunar con los huevos en una pequeña canasta en una mano y en la otra, la cantina con leche. Como es costumbre Alberto y Marta ya están sentados en la mesa junto con su madre, pero sin tocar alimento alguno, Don Jose entra, los mira y pregunta, Por qué no han empezado a comer. Jose, Ud. ya sabe que comemos junto o nadie come, replico Miriam.

Mientras desayunaban, discutían sobre los deberes que cada uno tenía que hacer, Yo ya estoy cansada de quedarme en la casa, lavando los platos y tendiendo las camas, yo quiero ir al pueblo y vender la leche con Alberto, dice Marta, No, no hay manera que yo vaya al pueblo con mi hermana, allá yo me encuentro con mis amigos y no puedo ponerle atención a lo que hace o deja de hacer, así que mejor voy solo, dice Alberto, Dejen de pelear que aquí somos una familia, Miriam les dice. Marta, mija, Ud. es la niña de la casa deje que su hermano vaya al pueblo solo, para que trabaje mejor, Mamá, pensándolo bien, que me acompañe y me ayude a cargar la leche mientras yo la ofrezco a las personas, interrumpió Alberto. Puedo papá, pregunto Marta a don Jose, que simplemente asintió con la cabeza. Terminen de comer que el día apenas esta comenzando, les dijo a todos Miriam.

El día estaba opaco, húmedo y hacía frío por la lluvia de la noche anterior, había algunos charcos en el camino de la entrada, que era el mismo de salida de la pequeña parcela de la familia Solano, Alberto se pone sus botas altas de caucho, con un pantalón verde y una camiseta negra para ir a vender la leche al pueblo mas cercano que quedaba a alrededor de cinco kilómetros de distancia, hoy era diferente ya que lo acompaña su hermana menor Marta, Esta lista, pregunta Alberto a marta, ya estoy listo y me voy por qué se hace tarde, Ya estoy lista, grita Marta desde su pequeña habitación y sale corriendo al lado de su hermano, se despiden de su padres y dicen que volverán en un par de horas, Marta y Alberto bajan la pequeña cumbre en la esta la humilde casa y desaparecen entre el frío y la carretera.

Después de un par de horas don Jose esta terminando de reparar las goteras que dejo la tormenta de la noche anterior, esta en el techo de su casa cambiando algunas tejas de barro que se rompieron y tratando de reparar algunas otras que no se destruyeron por completo, abajo esta Miriam terminado de barrer, tender la cama y lavar los platos del desayuno, hoy el día es diferente por qué Marta se fue con su hermano al pueblo, Jose se voltea para tomar un respiro y se da cuenta que están subiendo por el camino de la cumbre algunos hombres, quizá diez o doce, no los diferencia bien, están armados con fusiles como los que usan los militares que a veces llegan a pedir algo de agua o a llevarse un par de gallinas, también tienen uniformes similares al de los soldados, llevan botas altas de caucho y a un paso firme y constante llegan a la puerta de la casa, uno entra pateando la puerta con extrema fuerza, entra, saca a Miriam del cabello y la bota en un charco en frente de la casa, de inmediato baja don Jose, intenta golpear al hombre que saco a su mujer de la casa pero es golpeado por otro en la cabeza con la cacha del fusil, Por qué nos hacen esto, somos campesinos humildes, dice Jose. Cállese, le grita el uniformado mas grande, Ud. Es informante y ayudante del ejército. Nosotros no le hemos dicho nada a nadie ni ayudado a nadie tampoco, añade Miriam desde el suelo, pero es silenciada con una fuerte patada en su abdomen que la deja sin aire y con la cara metida en el charco de agua y barro, don Jose la abraza y la cubre mientras que la herida en su cabeza mancha su camisa y la falda de Miriam con sangre, Para mañana ustedes ya no pueden vivir mas acá, los desterramos y si no acatan la orden de mi comandante los matamos a todos, Agrega con fuerte voz el uniformado, Eso les pasa por sapos. Sin mas ni menos, los uniformados regresan por donde llegaron y se pierden entre el monte que esta aun lado de la carretera.

Mis hijos, dijo Miriam entre jadeo y llanto, Jose la ayuda a ponerse en pie y la lleva al banco de madera que esta al lado de la entrada de la casa, Vaya a buscar a los muchachos, le dijo Miriam a Jose y sin pensarlo dos veces don Jose baja la cumbre a un paso acelerado para ir a buscar a sus hijos al pueblo, De lejos ve una silueta que viene corriendo, aterrorizada, con las manos en el pecho, es Martha, Jose corre lo mas rápido que puede y la abraza fuerte en su brazos mientras que en llanto Marta le dice al oído, Padre, padre, lo mataron, lo mataron.

Son la 10 de la mañana, Jose, Miriam y Marta lloran la muerte de su hijo mayor; Me dijeron que nos teníamos que ir, que por sapos nos van a matar y que por sapo mataron a Alberto, que no volviéramos y que si mañana estábamos aquí, que estemos listos para las consecuencias, dice marta con sus ojos enrojecidos de llorar. Que vamos hacer mijo, Pregunta Miriam con lágrimas en sus ojos, para donde vamos a coger nosotros, si no tenemos nada más que esto, No se preocupen que de esta salimos, agrega Jose.

A medio día habían empacado una maleta vieja y un par de cajas amarradas con una cabuya, decidieron dejar todo atrás, las vacas los perros y las gallinas a su suerte, no tienen mas opción que abandonar lo que construyeron en 30 años de un día para otro, ese mismo día salieron, bajaron el camino que lleva a la carretera y comenzaron a caminar, cada paso que dan es un recuerdo que van dejando, el miedo los embarga, no saben hacia donde van, ni adonde van a llegar, a Jose lleva la maleta mas grande, le pasan tantas cosa por la cabeza, tiene miedo y no lo puede mostrar, quiere llorar pero no se puede derrumbar frente a sus dos mujeres, le duele la herida que le dejaron en su cabeza pero le duele mas el corazón de dejar a su hijo sin un entierro digno, Miriam camina sin decir palabra alguna, solamente mira la carretera con un caja bajo su brazo y piensa en que lugar van a pasar la noche y Marta camina mientras llora desconsolada, cargando la otra caja.

Luego de caminar un par de horas, Jose, toma la decisión que no quería tomar, la decisión, que ya había pasado por su cabeza pero que desechó por que le tiene miedo. Ir a la capital. Ir a aquella ciudad donde dicen que todos sus habitantes son sordos y ciegos, que el ritmo es tan agitado que nadie se detiene a ayudar al otro, donde cada uno sobrevive pasando por encima de alguien mas, donde todos caminan, corren y nadie se detiene, donde los edificios son monstruos de concretos, donde los barrios son 20 veces mas grande que el pueblo que conoce la familia, la ciudad en la que cada cinco minutos muere una persona por cualquier razón, atropellada por un auto, en algún accidente de motocicleta, por heridas con arma blanca en un asalto, con arma de fuego en alguna disputa, una macro ciudad en la que el peligro esta en todas sus calles, hurto a personas, a residencias, de autos, los famosos paseos millonarios, extorsiones, secuestros, riñas corrupción y todos los males de los que puede adolecer una urbe como Bogotá.

Con los pocos ahorros que tenían, tomaron una flota que los llevaría directamente a Bogotá, durante el viaje de cuatro horas nadie dijo palabra alguna, tal vez por no hacer una pregunta de la que no querían oír una respuesta desalentadora, tal vez por no tocar el tema de la muerte de Alberto, tal vez por no tocar finas fibras de sentimientos que los harían volver ahogarse en llanto, pero en sus cabezas, los pensamientos cada vez se hacen mas densos, mas fuertes, mas punzantes y no los dejaban descansar. A donde voy a llegar. Que vamos a hacer. Que les voy dar de comer esta noche. Los animales de la finca se van a morir de hambre. Donde vamos a pasar la noche hoy. No conozco a nadie. Tengo mucho miedo. A mi hermano lo mataron. Tengo que encontrar un trabajo. Dicen que Bogotá es muy peligrosa. Hay mas personas como nosotros, nos uniremos a ellas. No conozco la ciudad. No tengo dinero.

Sin saberlo llegaron por la autopista norte alrededor de las siete de la noche, la noche estaba fría y húmeda, había llovido en Bogota, las calles estaba totalmente mojadas, había charcos por doquier. Bogotá tiene algo muy extraño, cada vez que llueve la gente se vuelve torpe, las calles tienden a inundarse y los autos a estrellarse, ocurren accidentes y esta noche no fue la excepción, María que pensativa y muy atenta al ritmo de la ciudad desde la ventana de la flota pudo observar, sin quererlo, un aparatoso accidente, había un hombre tirado en medio de la calle, su ropa esta rota, mojada y totalmente llena de barro, estaba boca abajo pero su cuerpo lucia raro, sus piernas estaban torcidas, su cara de medio lado con sangre saliendo de su boca, estaba inerte, muchas personas lo rodeaban pero nadie se acercaba, un poco mas adelante había un auto pequeño con el parabrisas y el capó totalmente abollado, al lado un hombre, joven, sentado en el la orilla del anden, con la mirada fija en el pavimento y con sus manos en la boca, María fue golpeada por esta imagen, por un buen rato pensó en la desgracia del hombre tirado en el pavimento y en la angustia del hombre con las manos en su boca, no podía olvidar la sangre y la ropa totalmente rasgada. María, vamos, recoja las cajas y ayude a su mamá a bajarse, le dijo Jose, sin entonación, sacándola de esta horrible imagen que daba vuelta en su cabeza.

Al bajarse de la flota, lo primero que hizo María y su madre fue encoger los hombros y tratar de evitar el frío frotando sus manos en los brazos, un gesto en su cara de malestar y miedo a la vez mientras que Jose sin expresión en su rostro tomo la maleta y una caja y comenzó a caminar sin dirección alguna.

En donde nos vamos a quedar, Preguntó Miriam, Ya se esta haciendo tarde y hace mucho frío, Agregó, Ya veremos mija, no se preocupe, añadió Jose, María simplemente caminaba mientras recordaba a Alberto, todos esas memoria que vuelven a tomar fuerza cuando alguien se va, cuando alguien desaparece de repente, cada vez que salían a jugar a la huerta, se llenaban de barro hasta la cabeza y luego iban y se lavaban en la alberca con agua fría o cuando jugaban al que primero cogiera a la gallina y cada uno corría tras una sin tregua, hasta atraparla o desfallecer de cansancio en el intento y no podía dejar de pensar que ahora esta lejos de su hogar, en medio de una ciudad desconocida y sin su hermano mayor quien la proteja del frío que la golpea. Caminaron alrededor de tres o cuatro horas por toda la ciudad a través de un avenida, lo que los bogotanos conocen como la carrera séptima, La carrera insignia de Bogota también llamada avenida Alberto Lleras Camargo , la carrera que atraviesa la ciudad desde la calle veintisiete sur en el barrio veinte de Julio hasta la calle 235 donde termina Bogota y continua hasta el kilómetro 20 y un poco mas.

Lo único que sabia Jose es que en todo el centro de la ciudad en la reconocida plaza de Bolívar para los Bogotanos y desconocida para los desplazados, había un campamento de mas personas como la familia de Miriam que protestaban por sus derechos, las personas que pasaban por su lado los miran despectivamente por llevar un par de cajas debajo del brazo y una maleta vieja y amarrada con cabuya, es como si los desplazados en la ciudad de Bogota no pertenecieran a la nación.

Los charcos metidos en sus zapatos, el inclemente frío golpeándolos y el hambre que no se hizo esperar hacia mas difícil caminar a través de la capital, con el poco dinero que les quedaba, no mas de diez mil pesos, compararon en una panadería ubicada en la _______________________ llamada _____________ compraron, dos mil pesos en pan y tres cafés para combatir el frío de la ciudad, gastaron tres mil quinientos pesos, no les quedaban mas que cinco mil quinientos pesos para pasar la primera noche y quién sabe cuantas mas. Eran alrededor de las doce de la noche, cuando salieron de la panadería y siguieron caminado pero María después de cinco minutos de caminar decidió parar para sacar un saco de lana de una de las cajas con las que cargaban, Papá espéreme que tengo mucho frío, quiero ponerme otro saco, le grito a Jose que iba unos cuantos metro mas adelante, Miriam, y Jose pararon dejaron la maleta y las cajas en el suelo y mientras María se pone su saco, mientras un par de hombre se acercan, justamente enfrente de un teatro llamado como un gran político que fue asesinado y que causó uno de los peores hechos que recuerda la ciudad “El Bogotazo”, Jose mira a los hombre que se acercan y sin darse cuenta ya uno lo tenia agarrado del brazo y amenazándolo con un cuchado en un costado Mientras le decía, Déjeme la maleta ahí en suelo, Miriam no sabia que hacer, el miedo se apodero de ella y no podía moverse, el otro hombre se fue directamente a María, la rapó la caja que llevaba en la mano, Quédese quietica mi amor y no le pasa nada, Sus ojos se llenaban de lagrimas pero ninguna salía, el miedo recorría todo su cuerpo, mientras que los dos hombres se alejaban y se perdían en la oscuridad de la calle 22.

Sin nada en las manos pero con un gran dolor y pena que pesaba mas que cualquier maleta o caja, con apenas cinco mil pesos entre los bolsillos, con sus cuerpos fríos y desalentados, con lágrimas y sentimientos que se negaban a salir, cruzaron abrazados la calle diecinueve, caminaron alrededor de diez minutos mas, legaron a la famosa plaza del libertador, del hombre que lucho por la libertad de los pueblos latinoamericanos y que ironía que a sus pies, duerman personas en cambuches improvisados por que su tierras les fueron arrebatada sin razón, Jose, escucho que gritaron su nombre desde unos plásticos y salio un hombre de edad, era un ganadero que vivió cerca de la vereda de Jose y su familia, les dio un vaso de aguapanela y los invito a quedarse, Aquí dormirán la primera noche, mañana cuando amanezca veremos que podemos hacer para acomodarlos, Jose salió de los lasticos y lo primero que vio fue una catedral antigua, se acerco y en sus escaleras se arrodillo, pidió por su familia y dio gracias por encontrar un cambuche donde pasar esta primera fría noche.

jueves, 21 de mayo de 2009

Bogota anonima

Vivimos en ella, ella nos acoge y nos brinda oportunidades y aunque todos los dias paseamos por sus calles, parques, avenidas, callejones, vemos sus muros pintados, la diferente arquitectura de cada uno de sus barrios, rostros anonimos que pasan a diario por nuestro lado, personas que van y vuelven una y otra vez en transporte publico, carros, a pie, por las ciclorutas, nunca nos detenemos por un momento a contemplar la magnitud, la belleza y la "calidez" de nuestra ciudad, de la capital de Colombia, Una ciudad llena de arte y cultura implicita en si misma, con retratos en cada esquina, con historias en cada calle, siempre tratando de relatarlas y nosotors sin oidos para escucharlas y sin ojos para verlas.
Este blog esta diseñado para contar cada una de esas historias y mostrar cada uno de esos retratos que estan "por ahi" vagando sin un publico.